jueves, 19 de junio de 2014

Por último, también se ha trabajado en estudios más clínicos “que aplican esta técnica de doble paso a diferentes temas de interés, como es la calidad óptica ocular post-LASIK (una de las técnicas más empleadas en cirugía refractiva), el impacto de la difusión u otros”, precisa.

El Grupo de Investigación del CD6 ha colaborado con el Instituto de Oftalmobiología Aplicada (IOBA) de la Universidad de Valladolid en diversos estudios en esta línea. En concreto, los investigadores del IOBA Raúl Martín, José María Herreras y Victoria de Juan y los del CD6 Meritxell Vilaseca y Jaume Pujol, junto con Mikel Aldaba han analizado recientemente el impacto del edema corneal producido por lentes de contacto en la calidad óptica ocular.

“Este trabajo podría ser un buen ejemplo de la importancia de la colaboración entre grupos de diferentes especialidades en el ámbito de la óptica fisiológica”, explica Aldaba, ya que “el grupo del IOBA tiene unos conocimientos clínicos y aporta unas necesidades que nosotros desconocemos y a su vez el CD6 contribuye con su conocimiento en técnicas de medida de la calidad óptica ocular para emplear en este problema concreto”.

La colaboración entre ambos grupos, reflejada en una estancia de la doctora De Juan en el CD6, ha permitido llevar a cabo el estudio que ha dado lugar a una presentación en un congreso internacional y a una publicación del trabajo recientemente en la revista Contact Lens and Anterior Eye. Asimismo, Mikel Aldaba ha impartido uno de los Seminarios de Investigación del IOBA en torno a la investigación en óptica fisiológica y el caso concreto de la medida de la calidad óptica ocular. (Fuente: Cristina G. Pedraz/DICYT)
Por último, también se ha trabajado en estudios más clínicos “que aplican esta técnica de doble paso a diferentes temas de interés, como es la calidad óptica ocular post-LASIK (una de las técnicas más empleadas en cirugía refractiva), el impacto de la difusión u otros”, precisa.

El Grupo de Investigación del CD6 ha colaborado con el Instituto de Oftalmobiología Aplicada (IOBA) de la Universidad de Valladolid en diversos estudios en esta línea. En concreto, los investigadores del IOBA Raúl Martín, José María Herreras y Victoria de Juan y los del CD6 Meritxell Vilaseca y Jaume Pujol, junto con Mikel Aldaba han analizado recientemente el impacto del edema corneal producido por lentes de contacto en la calidad óptica ocular.

“Este trabajo podría ser un buen ejemplo de la importancia de la colaboración entre grupos de diferentes especialidades en el ámbito de la óptica fisiológica”, explica Aldaba, ya que “el grupo del IOBA tiene unos conocimientos clínicos y aporta unas necesidades que nosotros desconocemos y a su vez el CD6 contribuye con su conocimiento en técnicas de medida de la calidad óptica ocular para emplear en este problema concreto”.

La colaboración entre ambos grupos, reflejada en una estancia de la doctora De Juan en el CD6, ha permitido llevar a cabo el estudio que ha dado lugar a una presentación en un congreso internacional y a una publicación del trabajo recientemente en la revista Contact Lens and Anterior Eye. Asimismo, Mikel Aldaba ha impartido uno de los Seminarios de Investigación del IOBA en torno a la investigación en óptica fisiológica y el caso concreto de la medida de la calidad óptica ocular. (Fuente: Cristina G. Pedraz/DICYT)
El Grupo de Investigación de Óptica Visual, Óptica Fisiológica o Visual Biophotonics del Centro de Desarrollo de Sensores, Instrumentación y Sistemas (CD6) de la Universidad Politécnica de Catalunya (España) trabaja desde hace más de 10 años en la que es su principal línea de investigación, la medida de la calidad óptica ocular. Se trata de un campo multidisciplinar en el que participan investigadores de diferentes especialidades, por lo que se aborda desde diferentes enfoques.

Así lo detalla a DiCYT Mikel Aldaba, uno de los doctores que forma parte del Grupo y que obtuvo su graduado en Óptica y Optometría en la Universidad de Valladolid. Respecto a la importancia y las implicaciones prácticas que tiene la medida de la calidad óptica ocular, Aldaba asegura que permite una mejor comprensión de diferentes factores que pueden influir en la calidad óptica del ojo “como el tamaño pupilar, el efecto de las ametropías o el impacto de las técnicas de cirugía refractiva”. Además, estas técnicas de medida “están cada vez más implantadas en la clínica siendo utilizadas en la refracción, cirugía refractiva o en la medida de la difusión intraocular, entre otras”. Esta importancia se refleja, a su juicio, en el gran número de trabajos científicos que se están generando a alrededor de esta línea de investigación.

En el caso del Grupo de Investigación del CD6, desde un punto de vista más físico o ingenieril se ha trabajado en el desarrollo de la técnica de medida, probando nuevas tecnologías aplicables como las lentes electro-ópticas o sensores CMOS (fabricados con materiales semiconductores de metal-óxido).

Por otro lado, “a medio camino entre la clínica y el trabajo estrictamente de laboratorio, se han propuesto nuevos métodos de medida como en el caso de la amplitud de acomodación, donde a partir de un montaje de laboratorio se ha propuesto un método de medida de la amplitud de acomodación basado en la técnica de doble paso, primero testado en el laboratorio y luego extendiendo su uso a un ámbito más clínico”. Esta técnica que permite medir la calidad óptica del ojo consiste en formar la imagen de un punto en la retina y registrar la imagen de la luz reflejada en la retina tras su doble paso por los medios oculares.
El Grupo de Investigación de Óptica Visual, Óptica Fisiológica o Visual Biophotonics del Centro de Desarrollo de Sensores, Instrumentación y Sistemas (CD6) de la Universidad Politécnica de Catalunya (España) trabaja desde hace más de 10 años en la que es su principal línea de investigación, la medida de la calidad óptica ocular. Se trata de un campo multidisciplinar en el que participan investigadores de diferentes especialidades, por lo que se aborda desde diferentes enfoques.

Así lo detalla a DiCYT Mikel Aldaba, uno de los doctores que forma parte del Grupo y que obtuvo su graduado en Óptica y Optometría en la Universidad de Valladolid. Respecto a la importancia y las implicaciones prácticas que tiene la medida de la calidad óptica ocular, Aldaba asegura que permite una mejor comprensión de diferentes factores que pueden influir en la calidad óptica del ojo “como el tamaño pupilar, el efecto de las ametropías o el impacto de las técnicas de cirugía refractiva”. Además, estas técnicas de medida “están cada vez más implantadas en la clínica siendo utilizadas en la refracción, cirugía refractiva o en la medida de la difusión intraocular, entre otras”. Esta importancia se refleja, a su juicio, en el gran número de trabajos científicos que se están generando a alrededor de esta línea de investigación.

En el caso del Grupo de Investigación del CD6, desde un punto de vista más físico o ingenieril se ha trabajado en el desarrollo de la técnica de medida, probando nuevas tecnologías aplicables como las lentes electro-ópticas o sensores CMOS (fabricados con materiales semiconductores de metal-óxido).

Por otro lado, “a medio camino entre la clínica y el trabajo estrictamente de laboratorio, se han propuesto nuevos métodos de medida como en el caso de la amplitud de acomodación, donde a partir de un montaje de laboratorio se ha propuesto un método de medida de la amplitud de acomodación basado en la técnica de doble paso, primero testado en el laboratorio y luego extendiendo su uso a un ámbito más clínico”. Esta técnica que permite medir la calidad óptica del ojo consiste en formar la imagen de un punto en la retina y registrar la imagen de la luz reflejada en la retina tras su doble paso por los medios oculares.
La estrategia impulsada por el equipo de Franz es hacer que cada copia de un programa sea única, para que los ciberdelincuentes tengan que diseñar ataques diferentes para objetivos diferentes. Está inspirada en la biología, y de manera acertada en más de un sentido, ya que los virus biológicos existen desde mucho antes de que se aplicara dicho término al dominio de la computación. La Peste diezmó a la población humana de la Edad Media, pero no aniquiló a toda la gente de los lugares más afectados porque personas diferentes tienen composiciones genéticas diferentes.

Igual que ocurre en la biología, la diversidad significa fortaleza. Usando este concepto para disminuir el efecto de las vulnerabilidades en un software, Franz y sus colaboradores han desarrollado mecanismos que potencialmente pueden crear una versión única de cada programa para cada persona en el mundo. Esto no incapacitará por completo a los atacantes, pero evitará daños generalizados, aumentará drásticamente el coste de intentar perpetrar un ciberataque y hará que sea mucho más difícil atacar a una persona o entidad específica.

Aunque usar varias versiones de un mismo software no es algo nuevo (un programa a veces se puede adaptar para un cliente especial) nunca antes se había intentado a la escala o al bajo precio que ofrece el sistema de Franz. Con este sistema, se crean automáticamente "en la nube" versiones sutilmente diferentes del mismo software, de una manera que resulta "invisible" tanto para los desarrolladores del software como para los usuarios finales. El portento de crear las versiones diferentes se obra dentro de la tienda digital de software desde donde los usuarios descargan el software. Cuando se descarga el software a partir de la versión de referencia almacenada en la tienda, usuarios diferentes obtienen automáticamente versiones diferentes, aunque su funcionalidad sea idéntica.
Un llamativo enfoque estratégico de seguridad informática, basado en una singular línea de investigación que se inspira en la biodiversidad de la vida, promete dificultar hasta extremos notables las actividades delictivas de hackers, crackers, spammers, estafadores en la modalidad del phishing, ciberokupas y otros suplantadores de identidad, y hasta espías.

El ingenioso planteamiento del equipo de Michael Franz, de la Universidad de California en la ciudad estadounidense de Irvine, consiste, a grandes rasgos, en hacer ligeramente distinta cada copia de un mismo programa, como si el software fuese algo vivo y tuviera biodiversidad. El software así tratado funcionaría igual que el clásico, en ordenadores personales, smartphones (teléfonos inteligentes), supercomputadoras, y casi cualquier aparato digital que emplee software. Pero dispondría de una ventaja crucial frente al software clásico.

En el software clásico que se usa hoy en día, si los ciberdelincuentes descubren un punto débil en la seguridad de un programa, sistema operativo, o componente de los mismos, pueden explotarlo en todos los dispositivos que ejecutan dicho software. Desafortunadamente, es habitual que un mismo software, con exactamente las mismas vulnerabilidades, se ejecute en un gran número de dispositivos digitales, por lo que los ciberdelincuentes cuentan con un amplio campo de acción. Por ejemplo, la gran mayoría de los teléfonos inteligentes usan Android o iOS, y la mayoría de los ordenadores usan Windows.

Este carácter “clónico” del software facilita el trabajo de los atacantes. Necesitan encontrar un solo punto de entrada, y les servirá para una gran cantidad de ordenadores, que pasan a ser blancos factibles de ataque. Pueden crear virus que salten de un ordenador a otro, explotando la misma vulnerabilidad en cada uno de ellos. Y esto incluso permite a los ciberdelincuentes practicar sus ataques antes de desatarlos, ya que pueden reproducir el mismo entorno de software que encontrarán luego al enfrentarse a su objetivo rea
Chicca, experta en neuroinformática, está tratando de utilizar principios biológicos para construir sistemas nerviosos artificiales. Chicca y sus colegas han estado investigando qué tipo de circuitos pueden simular sinapsis electrónicas. Las sinapsis son los "puentes" que transmiten señales entre células nerviosas. A través de ellas se comunican estímulos y también pueden almacenar información. Además, el equipo de investigación ha analizado qué tipo de circuito puede imitar la plasticidad de los nervios biológicos. La plasticidad es como se denomina en neurología a la capacidad que tienen las células nerviosas, sinapsis y regiones cerebrales para adaptar sus características al uso. En el cerebro de los atletas, por ejemplo, ciertas áreas cerebrales están conectadas más fuertemente que en las personas que no son atletas.

Chicca, Chiara Bartolozzi, del Instituto Italiano de Tecnología (IIT), así como Giacomo Indiveri y Fabio Stefanini, del Instituto de Neuroinformática (INI) en Zúrich y el Instituto Federal Suizo de Tecnología en la misma ciudad suiza, ya han hecho un hallazgo sorprendente: Las construcciones que utilizan no sólo circuitos digitales, sino también circuitos compactos analógicos e imprecisos son más adecuadas para construir sistemas nerviosos artificiales que los conjuntos que tienen sólo circuitos digitales o circuitos electrónicos analógicos precisos que requieren mucha energía. Esto indica el camino a seguir para intentar desarrollar lo que estos investigadores definen como circuitos electrónicos neuromórficos aptos para construir sistemas cognitivos autónomos.