La micropalanca es química y biológicamente modificada, y se emplearon microcapilares para recubrirla con un sustrato específico al crecimiento de bacterias lácticas, luego se inoculó con la muestra “problema”, y la viga se hizo vibrar a una frecuencia de resonancia específica con el escáner de un microscopio de fuerza atómica, el cual permite monitorear el amortiguamiento que sufre la micropalanca debido a los pequeños cambios de masa que ocurren cuando los microorganismos crecen sobre su superficie -similar al comportamiento de un trampolín cuando se le agrega más peso-, de esta forma fue posible detectar el crecimiento de las bacterias en forma dinámica a los pocos minutos de inoculación.
El especialista del IPN detalla que además de estas bacterias benéficas, los micro y nanobiosensores pueden detectar otros microrganismos, como los patógenos; hongos; levaduras; agentes infecciosos (virus); toxinas; partículas contaminantes y biomoléculas, provenientes de distintas fuentes, como agua, aire, tierra o alimentos.
El porcentaje de biosensores para alimentos basados en micro y nanotecnología que se comercializa es aún mínimo, en el país apenas comienza a trabajarse en aplicaciones biológicas o médicas, por lo que es un campo de oportunidades para el desarrollo de ciencia básica e innovación tecnológica.
En el IPN se han conformado diversos grupos multidisciplinarios, que desarrollan micro y nanobiosensores, en búsqueda de que en un futuro puedan construirse en México sistemas de biodetección con mayor portabilidad, sensibilidad, especificidad y menor costo, a fin de hacer pruebas in situ, sin requerir de personal especializado, es decir, tal como se hace hoy con los termómetros digitales y glucómetros.
La construcción del microbiosensor se gestó hace cuatro años y fue producto del trabajo de tesis de la doctora Angélica Gabriela Mendoza Madrigal. Se requirió de un equipo mutidisciplinario de especialistas, en el que participaron los investigadores Juan Vicente Méndez, Georgina Calderón Domínguez, Eduardo Palacios González y Humberto Hernández Sánchez, adscritos al doctorado en alimentos de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, del Centro de Nanociencias y Micro y Nanotecnologías, y del Instituto Mexicano del Petróleo.
Este fue el primer premio que entregó el PNCTA relacionado con el área de micro y nanotecnología, con el objetivo de motivar y estimular la generación de recursos humanos especializados en estas disciplinas, así como impulsar las contribuciones tecnológicas en áreas del conocimiento de la industria de alimentos y bebidas.
Para participar en este importante galardón, en el que se repartirán 620 mil pesos en premios, podrán inscribirse estudiantes e investigadores con trabajos desarrollados en el campo de la ciencia y tecnología de alimentos y bebidas. La convocatoria está abierta hasta el 4 de julio de 2014.
No hay comentarios:
Publicar un comentario